Manuela Rasjido y Enrique Salvatierra. El vuelo de las raíces
Manuela Rasjido diseña tejidos de telar rústico y tiñe sus lanas con pigmentos naturales de corteza de árboles como el “palo azul”, así como con vegetales varios: raíces, flores, resinas y óxidos minerales extraídos de las montañas calchaquíes. Artista plástica y diseñadora textil y de indumentaria, Rasjido ha experimentado con materiales y técnicas diversas e investigado los procedimientos antiguos del teñido, el hilado y el tejido. A partir de un concepto personal, creó su estilo de prendas de vestir, que denominó “Arte para Usar”, por el que es conocida a nivel nacional e internacional.
Paralelamente desarrolla una intensa tarea en el plano del arte textil, el tapiz y la pintura.
Cosechó importantes premios en salones nacionales. Como diseñadora obtuvo, entre otras distinciones, el Primer Premio Diseñador Buenos Aires Argentina, 2000.
La obra de Enrique Salvatierra se adentra a toda la tradición de las culturas prehispánicas.
Sus diseños combinan, originalmente y de muy diversas maneras, los motivos heredados, incluso con cierta impronta arqueológica, que las enriquece. Estos motivos se explayan sobre el plano; en general, mediante una organización que destaca la ortogonalidad de las composiciones. Si bien las obras se presentan como abstractas, no dejan de apelar a un lenguaje primigenio donde se aúnan el hombre y su contexto. De sus manos surgen productos únicos, que llevan la impronta de un compromiso entre la utilidad y la estética. Sus ideas surgen del barro, de la tierra, de las raíces, pero su mirada apunta hacia las estrellas, metáfora del vuelo, de lo desconocido, de la libertad creadora.
Con su producción, Salvatierra vuelve a instalar la unidad de origen y el permanente renacer de la obra de arte.
Jorge Abot. Aguas de la memoria
El sábado 7 de agosto, a las 12 hs., se inaugura Aguas de la memoria, una muestra antológica de Jorge Abot. Sociólogo egresado de la Universidad de Buenos Aires y docente, estudia dibujo y pintura con Demetrio Urruchúa. En 1997 obtiene el Premio de la Sociedad Argentina de Artistas Plásticos. Se radica en Madrid y entre 1977 y 1978 alterna la pintura con los cursos de “Creatividad y Expresión de la Escuela” para los I.C.E., en las Universidades de Granada y Madrid. Es miembro fundador del Instituto Europeo y Argentino para la Promoción del Intercambio Cultural y Científico en Madrid. En 1990 regresa a la Argentina.
Abot se define como un pintor no figurativo y creador de un alfabeto propio, de signos que reflejan su identidad. Su abstracción prioriza el carácter sensible o expresivo como lo señalará Arnoldo Liberman en la presentación a la muestra en van Riel de 1987 “un pintor de la sensación, de lo sensible y, para decirlo en términos más actuales, del deseo”
Sobre Jorge Abot
Poeta de esencias.
Por los intersticios del silencio las palabras comienzan a desaparecer en el aire, se disuelven como empujadas por vientos sucesivos que impiden la lectura, lejanas memorias que transparentan recuerdos personales, parecen aferrarse a las telas y al soltarse dejan improntas intransferibles repletas- sin embargo- de sensaciones que llegan al lector/espectador como un espejo de soledad, de vacío,de tonos ausentes, de matices convertidos en tiempo. ¿Se trata de cartas de caligrafías incomprensibles escondidas en pinceladas que cubran el dolor? ¿Poemas disueltos en la memoria que reaparecen, fragmentarios, frágiles, puro recuerdo personal?
Sin embargo con estos materiales que parecen perderse entre silencios y bordes de soledad, el conjunto reaparece como la vida, para resplandecer con materiales sólidos, contrapeso de la fragilidad de las cartas desvaídas, con colores restallantes para avisar que por detrás del silencio y los recuerdos late una obra singular donde se mezclan lo vivido y lo futuro. Fruto de un trabajo siempre sorprendente, repleto de matices. Pintura pura. Arte sin aditamentos pasajeros. Poesía.
Horacio Salas
Presentación catálogo Galería Kreisler, Madrid.
Buenos Aires, enero de 2008.
Jorge Abot: “La fuerza del arte no está sólo en la resolución de las obras, sino en la memoria que posee”.
Las huellas de las experiencias vividas van sedimentándose en la memoria para ir conformando el espíritu del individuo. Sin embargo, la herencia acompaña a la colectividad; vivencias de las que decidimos participar o reivindicamos nuestro desapego, posturas que lejos de apartarnos, hacen que esta cohesión con el otro se refuerce. A partir del próximo miércoles, el público sevillano tiene la oportunidad de experimentar la introspección o participar de la sinceridad con la que Jorge Abot se entrega en cada una de sus creaciones. El artista bonaerense demuestra su buen hacer y veteranía en las creaciones que exhibe en la Galería Haurie. Las obras que componen la exposición son un desgaje, una adaptación para el espacio de esta sala, de las muestras que realizó Jorge Abot en el pasado mes de febrero en la Galería Kreisler y el Círculo de Bellas Artes de Madrid.
La muestra se compone de obra sobre tela y sobre papel, y en ambos casos destaca el resultado que el artista consigue gracias al tratamiento de las formas y las texturas y a la introducción de grafías. Las obras sobre tela, de mayo formato, están realizadas en técnicas mixtas, y las obras sobre papel son óleos y collages. Para el creador argentino la elección de un determinado soporte y de un tamaño concreto, determina la naturaleza de la obra, ya que exigen en cada caso, texturas y densidades diferentes. Mientras que en el caso de la obras más pequeñas se manifiesta un cierto espíritu lúdico, y se aprecia una sensible levedad, plasmándose en ellas poemas escritos sobre papeles superpuestos, en las creaciones sobre tela, integra materiales como la madera y la arena.
A través de sus creaciones, Jorge Abot despliega sus convicciones acerca del papel que considera que juega el arte como inmejorable vehículo de la memoria. "Creo que la fuerza del arte está no sólo en la resolución plástica o estética de las obras, sino en la memoria que éstas contengan, de ahí su contemporaneidad. Creo que la tarea del arte es la de rescatar lo que otros hicieron, impedir que desaparezcan las señales que otros emitieron, acumular la sabiduría".
Para el artista, cada impronta artística y vital están preñadas de un sentido que trasciende el componente accidental y que acaba revelando claves esenciales de nuestra naturaleza. "Cada silencio, cada sonido, cada forma, color o materia que creamos o que utilizamos, lleva dentro de sí no sólo nuestra huella, sino que todos estos elementos están cargados de memoria. Esa memoria se construye con los saberes de los que nos precedieron. No somos hombres sin historia. Nos paramos sobre los hombros de los que fueron nuestros maestros y nuestros antepasados, y le damos a nuestra obra la oportunidad de que los trabajos de todos se continúen a través nuestro con el aroma del tiempo que nos toca vivir".
Como una maquinaria perfecta, cada signo de plasmado en las obras de Jorge Abot posee hondura y trascendencia. "Reconozco y valoro en cada material que utilizo el trabajo, la lucha, las alegrías, y los dolores. Estoy seguro de que cada nota salida de la trompeta de Louis Amstrong, de Marsalis o de Miles Davis, contiene los sonidos de sus antepasados africanos. O el silencio que busco en alguna de mis obras lo encontramos y valoramos en las obras de Rothco, en las tierras o textiles de Court, en la música de Mompou, en los huecos de Chillida, o en las pequeñas tablillas de Torres García. ¿Por qué? Porque en cada silencio están todos los silencios, en cada palabra, todas las palabras, en cada imagen, todas las imágenes. Porque creo en aquello que afirmaba Borges de que el mundo visible se da entero en cada representación, y el tiempo queda suspendido".
Laura Fajardo
Diario ABC de Sevilla
Madrid, 9 de junio de 2003.
Jorge Abot: las palabras de su silencio.
Hay un silencio audible en la obra de Jorge Abot. Silencio que patentiza una meditación profunda, indagadora, cuestionadota de todas las liviandades. Uno lo imagina, no frente al plano de sostén, sino frente a sí mismo, preguntando y preguntándose. La obra es madura, pero sin perder por ello la frescura que reclama la verdadera exaltación de la idea. Jorge Abot es pintor de mundos que se expresan en cada caso con su propio lenguaje, vertebrados sin embargo todos ellos por la jerarquía de un creador que dice de una manera impar.
Obligado trashumante -por razones ya históricas- Abot recoge de su experiencia europea, la enseñanza de la posibilidad total, la que no obedece obligatoriamente a una tradición nacional, aunque se engarce en definitiva en ella. Pintura de acción, de contemplación, de meditación, de ensimismamiento, Abot puede inducir a diferentes interpretaciones, pero nunca gesticula, en caso alguno alza la voz, no se regodea en lo fáctico, ni pretende convencernos de cosa alguna; piensa y desde su pensar nos dice su pintura.
Alguna vez lo vinculamos con el delicioso Jules Bissier, el decidor de las grandezas de la pequeñez (aquellos primores de lo vulgar que se asignaban como rasgo distintivo, jerarquizante, a Azorín). Aún hoy, frente a las obras de gran tamaño, sostenemos aquel mismo aserto. Como los grandes pintores del Renacimiento, Jorge Abot es capaz de entregarnos la intimidad del suceso, imbricada tras la magnificencia del enunciado. Recordamos la monumental Crucifixión del Beato Angélico, donde flota la misma etérea certeza de proclamación de la gracia, que logra en las leves celdas del Convento de San Marcos en Florencia. Los pequeños esbozos que anuncian en Abot la obra mayor, se macrodimensionan en las grandes concreciones, conservando –magia del hacedor– su fresca ternura y su ideación original.
Fiesta de la imaginación, gozo de los sentidos, por culpa de este Jorge Abot, que nos invita a sentir, a ver, a mirar, a admirar, a escucharlo.
Enrique Horacio Gené
Buenos Aires, 1997.
Serás... lo que debas ser. Bicentenario de la Patria.
Cada una de las obras estará acompañada por un texto o “explicación” del artista y tendrá como principales destinatarios a los alumnos, en especial de escuelas artísticas, a fin de exponerles una historia “viva” de la Patria que los movilice y los induzca a la polémica y al debate, en contraposición con la historia “sin tensiones”, que por lo general, se les presenta en las escuelas.
